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EL SENTIDO DEL ASOMBRO, RACHEL CARSON

Esta pequeña joya de libro, es imprescindible para los padres que quieran que sus hijos vivan la naturaleza de cerca, la sientan y aprendan de ella.

Rachel Louise Carson (27 de mayo de 1907 – 14 de abril de 1964) fue una bióloga marina y conservacionista estadounidense que, a través de la publicación de “Primavera silenciosa” en 1962 y otros escritos, contribuyó a la puesta en marcha de la moderna conciencia ambiental. Es la precursora de los ecologistas, que tuvieron como referencia los tratados de la Historia de la Conservación, que salieron a raíz de la publicación de Primavera Silenciosa

Primavera Silenciosa también se encontró con la feroz oposición de empresas químicas, impulsó un cambio en la política nacional sobre pesticidas, lo que llevó a una prohibición a nivel nacional del DDT y otros pesticidas, e inspiró un movimiento ambiental de base que llevó a la creación de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.

La juventud de Rachel estuvo marcada por el tener que cuidar y mantener económicamente a su madre y a su sobrino, a quien adoptó cuando quedó huérfano.  Se licenció en Biología y le encantaba escribir con un estilo sencillo y repasaba minuciosamente hasta que quedaba como ella quería.

El sentido del asombro fue resultado de un artículo que le encargó la revista Woman’s Home Companion en 1956 titulado “Help your child to wonder” (Ayuda a tu hijo a asombrarse), finalmente publicado después de su muerte como The Sense of Wonder.

El sentido del asombro está dedicado a su sobrino Roger, pero es un libro que no pudo terminar debido a su muerte por un cáncer.

Rachel comenzó a pasear con su sobrino Roger desde que tuvo 20 meses de edad y comenzó llevándolo a la playa en medio de una noche tormentosa, envuelto en una manta.

Allí escuchaban las olas, los truenos, el olor de la sal del mar y toda una serie de sensaciones que Rachel describe en su libro con una perfección que casi hace sentir al lector como si estuviera en el lugar. Volvieron de nuevo a la playa una vez pasada la tormenta con linternas buscando cangrejos, observándolos, sin miedo al viento y al rugir de las olas. Una experiencia sensorial increíble para un niño de 20 meses.

Llegó la primavera en la costa de Maine y exploraban un pequeño trozo de bosque, observando abetos, helechos, orquídeas… Roger ya siendo mayor paseaba con su tía viendo animes y plantas y sorprendiéndose todavía.

Observaron en aquellos tiempos todo lo que la naturaleza les ofrecía, conchas bígaros, mejillones… pero Rachel nunca trató en enseñarle, tan sólo le acompañaba en los paseos dejando al niño sorprenderse con lo que veía y haciéndose preguntas. Esos recuerdos permanecen en el recuerdo de Roger durante mucho mucho tiempo.

Rachel cree que para mantener el sentido del asombro en un niño es necesario que un adulto le acompañe, compartiendo y redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo. Es más importante sentir, más que conocer. No necesitamos conocer los nombres de todas las plantas y animales, tan sólo sembrar esos sentimientos que más tarde se traducirán en conocimiento. Es importante preparar el camino al niño que quiere conocer que darle un montón de datos que no puede asimilar.

Explorar la naturaleza, estar receptivo, volver a aprender a mirar, oler, sentir de nuevo como lo hace un niño.

Todas esas sensaciones y vivencias son las que Rachel intenta transmitir en este libro que como dije, es tan sencillo como enriquecedor, y te hace replantear cómo observamos el mundo, mirando sin ver, tocando sin sentir…

Puedes encontrar este libro en este enlace Afiliado de Amazon. No te lo pierdas porque de verdad merece la pena tenerlo.

 

 

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