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QUE TU HIJO SEA CURIOSO BENEFICIA AL CEREBRO

Que tu hijo sea curioso le beneficia al cerebro

La intriga favorece la posibilidad de aprender y retener todo tipo de información, incluso la que resulta menos interesante. Además, cuando esto sucede, se despierta el sistema de recompensa del sistema nervioso.

El desafío en los colegios siempre es lograr captar la atención de los alumnos. En estos tiempos de tanta información y tanta tecnología, tienen constantemente  información nueva, por lo que a los chicos se les debe ofrecer un ambiente estimulante propiciando la curiosidad, que es el alimento principal del cerebro.

Las rutinas de las tareas van desgastando y limitan la capacidad intelectual pero cuando les invade la curiosidad, la mente absorbe mayor cantidad de información ya que genera una expectativa atractiva y maximiza la capacidad del cerebro, por lo que lo pone en un estado de aprendizaje perfecto.

Bajo pruebas hechas a estudiantes, se ha comprobado que éstos retenían mejor la información que más curiosidad  les provocaba pero sorprendentemente, una vez despertado ese interés, los alumnos aprendían mejor toda la otra información a la que fueron expuestos posteriormente, que nada tenían que ver con aquellos temas que en un principio despertaron su curiosidad.

Además  descubrieron que los estudiantes también mejoraban su memoria visual y podían reconocer las caras que habían visto previamente con mayor facilidad.

En segundo lugar, los expertos hallaron que, cuando se estimula la curiosidad o la intriga,  se favorece la actividad en el circuito de recompensa del cerebro, que depende de la dopamina, un neurotransmisor vinculado con la cognición, la atención y la memoria, entre otras tantas funciones cerebrales.

Finalmente, se descubrió que cuando el aprendizaje está motivado por la intriga, se produce una actividad más intensa en el hipocampo, una región relacionada con la creación de nuevos recuerdos. A su vez, vieron que se registró un incremento en las interacciones entre esta zona y el circuito de la recompensa.

Por eso, a la hora de optimizar  los logros educativos, es necesario  generar un ambiente estimulante donde los alumnos tengan deseos de aprender. Si se alimenta esa curiosidad, entonces su cerebro estará apto para adquirir todo tipo de información, incluso la que, en principio, pueda resultarle menos “atractiva”. La cuestión es  saber preparar el terreno, y volverlo fértil, para que el aprendizaje resulte más significativo.

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