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EL PATO Y LA MUERTE de Wolf Erlbruch

 

Explicar la muerte de un ser querido a un hijo puede ser difícil. Este libro te ayudará a contarle a tu hijo la muerte como un hecho natural del ciclo de la vida, y de forma muy bonita y tierna.

Para mí ha resultado fundamental, incluso como adulta porque justamente lo compré hace unos meses, previendo incoscientemente ya la muerte de mi padre, que estaba al caer, como así fue el 10 de diciembre, o sea, hace unos días.

Venía preparando a mi hijo para ese momento, para que entendiera que la muerte no es más que una transición, que forma parte del ciclo de la vida y que , aunque nos duela, es un hecho natural que llega cuando tiene que hacerlo. A veces demasiado pronto, por desgracia, y a veces por el paso de los años.

En todo caso, es un album ilustrado maravilloso que merece la pena leer a todos los niños para que se pierda ese miedo a la muerte, y se contemple como un proceso más de la vida. Que duele, sí, pero que sucede una y otra vez en todo el mundo y a todas las familias y seres vivos.

Este libro es la creación del galardonado artista y escritor alemán Wolf Erlbruch, muy reconocido en Alemania. Y es una historia que curiosamente reconforta, y que va a gustar a niños y mayores porque trata la muerte de una forma elegante, simple y directa.

En una historia extrañamente reconfortante, un pato entabla una amistad poco probable con la Muerte. (Death, Duck and the Tulip, título original) intrigarán, perseguirán y encantarán a lectores de todas las edades. Simple, inusual, cálido e ingenioso, este libro aborda un tema difícil de una manera elegante, directa y estimulante.

Las ilustraciones de Erlbruch tienen una delicadeza y un humor dulce que ayuda a suavizar la inmensidad del tema

Un pato se da cuenta de que lo están siguiendo, y sabe que es la Muerte porque es una figura con una calavera y una bata de cuadros, muy inquietante pero a la vez muy conmovedora porque humaniza este personaje y lo que representa.

¿Has venido a buscarme?, pregunta el pato aterrorizado. Pero la muerte lo niega y le dice que ella siempre ha estado a su lado, desde el día en que nació por si ocurría algún percance.

¿Vas a hacer que algo suceda? Y la muerte le explica que de eso se encarga la vida, con accidentes y enfermedades… eso no depende de ella.

El pato al principio con miedo a acercarse, lo va haciendo poco a poco, con cautela y acaban entablando una curiosa “amistad”. La Muerte le sonrió, en realidad, olvidando quién era, ese personaje era hasta agradable

El pato entonces sugiere que vayan al estanque juntos, y aunque la Muerte siempre ha temido eso, él accede a regañadientes. Pero el agua es demasiado para ella, demasiado húmeda.

Y el pato decide darle calor, nunca nadie había hecho algo así por ella.

Y se quedan los dos dormidos. Al despertar por la mañana, el pato está contento al ver que no ha muerto. Aquí el autor inyecta una dosis de despreocupación y humor para que no sea demasiado trascendental ni emocional el tema que trata

“¡No estoy muerto!”, Dijo en voz queda, totalmente encantada.

“Estoy contento por ti”, dijo la muerte, estirándose.

“¿Y si hubiera muerto?”

“Entonces no habría podido dormir”, bostezó la Muerte.

Eso no fue algo agradable de decir, pensó el pato.

 

Pero como cualquier amistad está entretejida con “un perdón continuo y mutuo”, el pato  finalmente metaboliza sus sentimientos heridos y los dos encuentran su camino en una conversación sobre las mitologías comunes de la vida futura central para nuestro delirio humano de la inmortalidad :

“Algunos patos dicen que te conviertes en un ángel y te sientas en una nube, mirando sobre la tierra”.

“Muy posiblemente”. La muerte se puso de pie. “Ya tienes las alas”.

“Algunos patos dicen que en las profundidades de la tierra hay un lugar donde te asarán si no has sido bueno”.

“A los patos se les ocurren algunas historias asombrosas, pero quién sabe”.

“Entonces tampoco lo sabes”, espetó el pato.

La muerte solo lo miró.

Al no haber podido resolver la perplejidad existencial de la inexistencia, vuelven a las simples satisfacciones de la vida y deciden trepar a un árbol.

Pero como cualquier amistad está entretejida con “un perdón continuo y mutuo”, el pato  finalmente metaboliza sus sentimientos heridos y los dos  satisfacciones de la vida y deciden trepar a un árbol.

Podían ver el estanque muy abajo. Ahí estaba. Así que aún. Y tan solo. “Así es como será cuando esté muerto”, pensó Duck. “El estanque solo, sin mí”.

La Muerte a veces lee las mentes. “Cuando mueras, el estanque desaparecerá también, al menos para ti”.

A medida que el verano baja, los dos amigos visitan el estanque cada vez menos y se sientan juntos en la hierba cada vez más. Cuando llega el otoño, el pato siente el frío en sus plumas por primera vez, tal vez en la forma en que uno se siente viejo de repente: la inesperada llegada de una nueva y escalofriante conciencia de la propia finitud, atrapada entre un ayer irredimible y un inevitable mañana.

“Tengo frío”, dijo una noche. “¿Me calentarás un poco?” Los copos de nieve descendieron. Algo había sucedido. La Muerte miró al pato, que había dejado de respirar.

Acariciando sus plumas despeinadas en una perfección temporal, La Muerte  recoge al pato  y l0 lleva tiernamente al río, luego la acuesta en el agua con el tulipán que lleva siempre con ella y la deja en su flujo imparable, mirando con melancolía mientras se aleja flotando.

Por un largo tiempo lo miró. Cuando se perdió de vista, se sintió casi conmovida. “Pero así es la vida”, pensó la Muerte.

Mientras el río se derrama del libro y pasamos a la última página, vemos a la Muerte rodeada de otros animales, un sutil recordatorio de que él escoltará al zorro y al conejo y tú y yo por el río de la vida, tal como lo hizo con Pato.

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Fuente principal: www.brainpickings.org

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